Siempre comunícate con el o ella. Cuando es bebé con la mirada con palabras, con tus manos y brazos. Actualmente ya sabemos que los bebés que tienen más estimulación afectiva (se les toca, se les habla, se les canta, se les tranquiliza cuando lloran poniéndolos junto a tu cuerpo, tu vientre) desarrollan más ramificaciones neuronales, lo cual significa que tienen un sistema nervioso más complejo, más recursos. Responde a sus preguntas y cuéntales historias cuentos, escucha sus necesidades y descubrimientos, está aprendiendo.

 

Defínelo positivamente siempre que haya ocasión y si no, provoca situaciones donde puedas decirle la clase de persona estupenda que es para ti. No juzgues sus sentimientos, ni los califiques con adjetivos despectivos o de desprecio, comprende que es lo que piensa y siente y porque y cuéntaselo para después corregirlo amorosamente cuando este equivocado/a.

 

Corrígelo y márcale límites claros de comportamiento. Se congruente y consistente en el cumplimiento de las normas, haciéndole saber lo que no puede hacer y las consecuencias subsiguientes que habrán, de modo que sienta que no dependen de tu estado de ánimo sino que son firmes y justas así aprenderá a ser responsable y tener control sobre sus acciones, las cumpla o no el decide y deberá asumir lo que supone.

 

Aplica sanciones proporcionadas a su edad y formativas, es decir, relacionadas con su comportamiento y con alcanzar el resultado que quieres, que aprenda algo de forma positiva. Incluso en ese momento defínelo positivamente, diciendo lo que se espera de el que es una persona buena.

 

Nunca pongas en duda tu afecto y apoyo incondicional, la firmeza y el ejercicio de la autoridad no suponen abandono afectivo o falta de amor, sino todo lo contrario. Respeta siempre su dignidad como persona, no humilles, ni descalifiques cuando sancionas o te enfadas.

 

Plantea los problemas explicando porque son problemas para el y el efecto y sentimientos que causa en los demás. Realiza propuestas de solución y permítele realizar las suyas, según vaya creciendo, negociando hasta llegar a un acuerdo aceptable. Las decisiones las tomáis vosotros y es responsabilidad vuestra la protección mientras son menores, pero la autonomía se construye dentro de un proceso en el que la responsabilidad de la toma de decisiones la van adquiriendo ellos/as y la seguridad en si mismos/as va aumentando.

 

Comprométele y asígnale desde pequeño pequeñas responsabilidades y deberes en casa. Promueve siempre su autonomía de acuerdo a las destrezas propias de su edad. En un momento será aprender a comer solo, en otro recoger sus juguetes, en otro realizar las tareas escolares, en otro respetar las normas acordadas para volver a casa.

 

Estate siempre disponible para cuando necesite conversar y compartir hechos de la vida cotidiana y sentimientos. Abandona lo que estás haciendo si es posible o pídele que espere a que termines y cumple tu promesa, enséñale a esperar y a aplazar sus necesidades y deseos, cumpliendo tus promesas. Aprenderá a controlar su impulsividad y a confiar en tu palabra y accesibilidad.

 

Dedícale el mayor tiempo posible, pero sobre todo el que le dediques seriamente y con atención, para que no tenga que competir con otras personas, el teléfono, otras necesidades, … Tal vez deba aprender que tu tiempo es para muchas cosas, pero que siempre estarás cuando lo necesite porque es lo más importante para ti.

 

Permítele y sugiérele que se ponga en el lugar de otros a los que hace daño o que le hacen daño, permítele encontrar sus propias respuestas en los conflictos manteniendo tu serenidad y paciencia hasta que de con la más adecuada a su forma de ser y sienta que se siente bien con ella. Puedes sugerir las tuyas y pedirle que las ensaye o imagine. No le impongas las que tu harías en su lugar, tu hijo o tu hija son personas que nacieron de ti pero no son tu.

 

Revisa como te sientes en la relación con ellos y mantén un espacio personal y un espacio de pareja donde tener tu intimidad, crecer y encontrarte, no tienes y no es conveniente compartir todo con tus hijos e hijas. Ellos y ellas también aprenderán a crear el suyo donde tu no podrás entrar, y esta bien que así sea.

 

Fíjate más en sus virtudes y capacidades que en sus defectos y dificultades y exígele que las use y desarrolle según van apareciendo. Enséñale a defenderse con la palabra y a exponer con decisión aquello que le esté causando desasosiego.

 

Promociona la relación con los demás iguales, y observa como se siente y las dificultades que tiene. Media en estas situaciones conversando y preguntando con el objetivo de analizar y reflexionar, no de indagar para censurar y juzgarle. En caso de peligro, señálale que debe buscar protección en otros compañeros o en los adultos y que no ha de correr riesgos innecesarios. Si está solo se hace más vulnerable a posibles agresiones.

 

Recuérdale que siempre ha de tener la suficiente confianza como para pedirte ayuda a ti y que otras personas del centro escolar también pueden ayudarle porque les aprecian (asegúrate de que esto es así, no todas las personas estarán para ayudarle).

 

DIME

Psicología Clínica y Terapia Infantil

Deja un comentario