¿Cuando necesito acudir a un psicólogo?¿Cuándo necesito psicoterapia?

La razón última, la central, por la que decidimos acudir a terapia es la falta de bienestar psíquico y social percibido por la persona que acude a consulta, bien sea personal, dentro de las relaciones o sentido en otras personas cercanas e importantes de nuestra vida, como nuestra familia. Lo llamamos distrés psicológico. Es cierto que a veces es subjetivo, ya que como todo malestar o sufrimiento está relacionado con nuestra particular manera de sentir y pensar la realidad. Pero es cierto también que hay señales que nos hablan de este sufrimiento de forma objetiva, es decir de forma que todos podemos detectarlo y reconocerlo, no solo quien lo está verbalizando. Son las señales y síntomas de un desajuste psíquico o de la relación interpersonal, más o menos importante, que debemos atender. De lo contrario las cosas irán a peor, no mejorarán con el tiempo.

Pretendo de forma breve y sin entrar en la descripción de los múltiples trastornos y diagnósticos clínicos que solo aportan información relevante a los profesionales, expresar los síntomas y señales que debieran hacernos pensar en tomar la decisión de pedir ayuda psciológica. Es allí, en el contexto de una relación terapéutica donde podemos esperar recibir la información que necesitamos para comprender lo que está sucediendo, lo que vamos a hacer al respecto y cómo lo vamos a hacer.

Cuando sentimos que las cosas que nos han ayudado a vivir, tomar decisiones, actuar, sentir, pensar y relacionarnos con el mundo, cambian, nos sentimos perdidos. Nos sentimos paralizados, bloqueados, asustados, impotentes… sin vitalidad, desconectados de nuestro centro interior de vida. Vamos en busca de soluciones que nos ofrezcan respuestas concretas e inmediatas a una realidad externa o interna que nos sentimos incapaces de comprender, controlar, abordar o dirigir. Estas cosas que cambian son nuestros valores y creencias por una parte, resultado de la experiencia y de nuestra propia maduración. Vemos las cosas de otra manera y no siempre mejor. Otras veces se nos presentan en la vida cotidiana situaciones nuevas, a veces devastadoras o sorprendentes o temidas o… que sobrepasan nuestra capacidad de encajarlas y vivirlas sin perder el equilibrio.

Cuando se rompe el equilibrio psíquico aparecen los síntomas y conductas que, nos dan pistas sobre la naturaleza de los pensamientos y emociones implicadas. No dormimos bien, tenemos pesadillas, no comemos adecuadamente, estamos tristes, irritables, preocupados, cansados… Desconfiamos, no podemos prestar atención, concentrarnos, disfrutar como lo hacíamos… Dejamos de tener deseo sexual o nuestra forma de relacionarnos sexualmente y afectivamente se altera de forma insatisfactoria… Sentimos angustia, pánico, miedos, fobias… O se rompe el pensamiento y la conciencia de la realidad y pensamos, oímos y vemos cosas que nos están ahí para los demás. Se rompe el equilibrio, entramos en crisis.
Teniendo muy en cuenta el resumen anterior podemos decir que las siguientes, son algunas razones para pensar en pedir una consulta psicológica:

  1. Presencia de distres o malestar psicológico que dificulta llevar adelante la vida cotidiana. Una sensación de desajuste personal que se traduce en estar irritable, triste, a disgusto, con cambios de humor, llanto frecuente, dolor y malestar físico que no tienen razón de ser y son múltiples (frecuentes molestias gástricas, dolores de cabeza, tensión muscular, …).
  2. Dificultad para tomar decisiones o todo lo contrario, sensación de descontrol y falta de reflexión en las conductas, sensación de estar bloqueado, sin salida, perdido.
  3. Dificultades de atención y concentración, dificultad para mantener la atención en una actividad, historia, lectura… atención que se dispersa y pasa de un centro a otro, sea este centro en la actividad de fuera o en nuestros propios pensamientos.
  4. Sensación de irrealidad, de ser espectador de lo que ocurre, oir, ver, recordar cosas que no están ahi que la realidad no confirma.
  5. Los pensamientos no tienen un hilo conductor en la conversación, saltan de un tema  a otro sin conexión ninguna rompiendo el discurso y la comunicación.
  6. Los pensamientos hablan de una realidad diferente y extraña o improbable que los demás no conocen ni pueden confirmar, que se vive de forma inquietante y con angustia relacionada frecuentemente con sentimiento de daño y/o persecución y control de otros.
  7. Exceso de cansancio y agotamiento o todo lo contrario, euforia y exaltación desproporcionada que no encuentro las pausas naturales del descanso en la actividad y en la comunicación con otros.
  8. Pensamientos negativos frecuentes sobre sí, sobre el entorno, la realidad que uno vive y el futuro, falta de esperanza, motivación y capacidad de disfrutar de las cosas que habitualmente nos gustaban y daban placer, falta de iniciativa, apatía, ideas de suicidio y muerte…
  9. El sueño no es reparador, se interumpe, dificultad de conciliarlo, despertar temprano, pesadillas o sueño agitado que dificulta el descanso…
  10. Pérdida de apetito o apetito descontrolado, preocupación por la comida y comportamientos extraños relacionados con el comer, los alimentos o los hábitos de alimentación, como esconderla, vomitar, usar laxantes de forma inadecuada y obsesiva
  11. Pérdida significativa de peso o al contrario, distorsión de la imagen corporal que no coincide con la realidad. Pérdida de la menstruación, pérdida significativa del cabello…
  12. Pérdida del deseo sexual, molestias y dolores durante las relaciones sexuales o posteriormente, falta de orgasmo, insatisfacción  sexual, pérdida de la erección, eyaculación precoz… Cambios negativos en la experiencia de las relaciones sexuales
  13. Tras situaciones traumáticas, recuerdos y pensamiento invasivo de las escenas traumáticas, aislamiento y bloqueo, mutismo, negación y amnesia de la escena, sentimientos de culpa…
  14. Enuresis y encopresis, falta de control de esfínteres que se espera de acuerdo a la madurez de la persona
  15. Dificultades en la relación con otras personas, que ya no se resuelven con las estrategias que habitualmente lo hacían. con frecuencia los problemas tienen algunas de estas características:  son frecuentes, intensos o duraderos, no permiten que la relación se restaure, son permanentes, constantes, repetitivos, violentos, suponen una amenaza para el normal desarrollo y crecimiento personal y de la relación o incluso, las personas se sienten dañadas y deterioradas.
  16. Sentimientos de culpa en situaciones de duelos que no se resuelven, es decir el dolor que sentimos ante la pérdida de lo importante no evoluciona en el tiempo encontrando consuelo en la creación de una nueva vida. Lo importante: personas significativas y queridas, animales, una relación de pareja/amistad/ familiar, una cultura (emigración), trabajo, el respeto por sí mismo (autoestima), nuestro cuerpo …

Finalmente, la necesidad de conocer quien soy y ser feliz, es la primera y común a todo lo anterior y a lo que no he escrito: alcanzar nuestros objetivos, sentirnos libres para ser y estar en cualquier parte, dirigir nuestra vida y sentirnos queridos por aquella gente a la que queremos.

Así, el proceso psicológico en el que entramos mediante la psicoterapia nos pone frente a nosotros mismos, en relación con ese centro y con las respuestas dentro de nosotros para abordar la realidad y nuestra vida. Son nuestras respuestas a nuestra realidad singular. El protagonista, artífice y participe del recorrido psicoterapeutico, es la persona que vive ese proceso, eres Tú quien sana y despliega todo el potencial creador disponible.

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