Mandatos de los roles sexuales.

El siguiente texto está basado de la descripción que realiza el Dr. Luis Bonino, sobre los mandatos de los roles de género. Dire para mejor comprensión del texto, que los roles tienen un aspecto nuclear que constituye su esencia y definen el perfil de actitudes y funciones del personaje. Un segundo aspecto, más accesible y fácil de modificar es el aspecto periférico, las mujeres pueden trabajar fuera del hogar, “mientras no abandonen sus responsabilidades básicas”– lo esencial del rol-.

Lo esencial del mensaje desde el rol social masculino, es el desarrollo del proyecto de vida personal, alcanzar su destino como persona y ser él mismo, desde la creencia de que todo es para él y al mismo tiempo, desde la responsabilidad de dominar y controlar el medio como soporte de la familia. Es lo que se denomina: yo orientado al logro.

Lo esencial del mensaje desde el rol social femenino, es dar prioridad al cuidado de los otros. Y no solo al cuidado de los otros, sino a las demandas ajenas frente a las propias en el cuidado de las relaciones y los vínculos afectivos. A ella se atribuyen la capacidad de comprensión escucha y empatía, el apoyo y soporte afectivo para todos y para los proyectos de todos. El otro está en el origen de sus prioridades, del sentido de su vida y en referencia a ellos estructura su identidad de rol.

  • Femenino: Ser suficiente para los demás, puesto que el reconocimiento que tengan los demás de ella le devolverá su propia imagen.
  • Masculino: Ser autosuficiente, desde aquí educamos en el desarrollo de la autonomía en el ámbito público, toma de decisiones, tomar iniciativas, el promover y reforzar la inventiva como una de las formas de creatividad.

 

  • Femenino: Acomodarse y adaptarse a las necesidades del otro, a sus creencias y sistema de valores, sus costumbres y tradiciones, el otro es la referencia alrededor de la cual girarán sus funciones y actividades. Desde aquí ser flexible y conciliadora, actitud clave para comprender y resolver los conflictos relacionales. Los procesos de reflexión e introspección frente a los ejecutivos y de acción.
  • Masculino: Ejercer una actitud de lucha, para conseguir ser y tener el control del medio, para lo cual, está permitida la violencia, el enfrentamiento y la agresión. Desde aquí la capacidad de asumir riesgos, la competitividad frente a la cooperación y la iniciativa. También la actitud de hacer cosas, los procesos ejecutivos frente a los de reflexión e introspección.

 

  • Femenino: Apoyarse en la autoridad que representa el varón y en su capacidad para organizar y tomar decisiones importantes, delegando en él toda responsabilidad acerca de su seguridad, supervivencia y bienestar.
  • Masculino: Ejercer la autoridad sobre las mujeres, bien sea desde actitudes paternalistas de responsabilidad hacia ellas por ser “seres frágiles y desvalidos”, bien desde actitudes autoritarias. En cualquier caso expresan la creencia social de la superioridad masculina frente a la femenina en el orden social.

 

  • Femenino: respetar la autoridad del varón y reforzarla y mantenerla frente a los hijos, ejerciendo de mediadora e intercesora en la relación de estos con el padre. Educar adecuadamente a los hijos, cuidar y vigilar su desarrollo físico, psicológico y social, el rendimiento escolar y las relaciones y comportamientos sociales.
  • Masculino: Respetar la jerarquía, y desde aquí la obediencia a las órdenes y la sumisión a quién ejerce el poder y tiene, por tanto, la responsabilidad y el control final de los procesos. Desde aquí surge el deseo y la voluntad de llegar a estar en ése lugar desde el que se dan las órdenes, tener el poder sobre otros. La voluntad de poder frente a la voluntad creadora, es decir, la del poder personal dirigido a la cooperación y la actitud de compartir.

Este cuarto supuesto se describe como uno de los más conflictivos y base de todos los anteriores. Recordemos que es desde el rol del padre sustentador del núcleo familiar, desde donde se ejerce la máxima autoridad.

La relación con la madre es directa y próxima, es un rol nutricio, representa el amor incondicional; responsable del cuidado de los vínculos afectivos y del equilibrio de la relación de pareja e intermediaria en la relación de los hijos con el padre. El padre es “el tótem y el tabú”, el Dios todopoderoso que no puede ser destruido, temido y respetado. Ostenta el poder económico el de la inteligencia y el del orden familiar. Es objeto de rivalidad para el niño varón, cuyo modelo va a interiorizar: “yo seré como tú”, en algún momento. Ese es el momento siempre esperado y que nunca llega, pues siempre existe alguien por encima a quien obedecer. Ni siquiera cuando se llega a ocupar el rol del padre se consigue, puesto que el poder del que hablamos en realidad no es más que un atributo de rol y un fantasma que el niño atribuye a la figura del padre, que nada tiene que ver con el ejercicio de la paternidad y con los sentimientos presentes cuando este momento llega.

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