El grupo dice: ” Esto es lo que somos. Esperamos de ti que te ajustes a este perfil, para que seas como nosotros y te comportes como nosotros. Así tendrás todo nuestro apoyo, respeto, confianza, valoración y estima.
Si no eres como esperamos, no perteneces al grupo. Estas solo, asumirás la responsabilidad de equivocarte. No hay camino, ni seguridad, ni sabrás quien eres. Ni alimento, ni amor. No eres valido para nosotros, ni digno de crédito”

El adolescente debe responder a las preguntas: ¿A qué categoría o grupo social pertenezco yo?, ¿Qué represento?, ¿A qué me opongo?, ¿Soy suficiente para bastarme a mí mismo?, ¿Cuáles son mis relaciones con el otro sexo?. A todo ello responde los grupos de pertenencia, grupos de iguales que cobran de pronto una relevancia única en nuestro desarrollo. La familia pasa a un segundo plano y la ley del grupo es la ley.

Algunos sociólogos consideran que los conflictos de los adolescentes son consecuencia de una falta de definición en nuestra sociedad de lo que es ser adolescente, de su estatus o situación en el grupo. Esta indeterminación social los coloca en una situación análoga a la de las personas marginadas.

La adolescencia se define como una crisis normal dentro del desarrollo de la personalidad que se da entre los 12 y los 16 años. Tiene un carácter psicosocial en tanto que las cosas que suceden están relacionadas con cambios biológicos, psíquicos y sociales que actúan unos sobres otros al mismo tiempo siendo causas y consecuencias. Es probablemente una de las crisis más importantes de nuestro desarrollo y tiene unas características propias.

Son múltiples las fuentes de inestabilidad e inquietud del joven. Modificaciones corporales, del pensamiento, afectivas, sociales… Todas,  ¡ procesos de búsqueda de la identidad, que van desde la dependencia infantil hacia la autonomía afectiva y social.! El niño que se convierte en joven, necesista saber quién es y cuál es su lugar en el mundo.

Por otro lado, la personalidad del adolescente, es una personalidad en formación, en busca de un personaje que, No quiere ser, en cuanto que el ve una inmensa cantidad de posibilidades y no obstante, Quiere ser ese personaje, para dar a su vida una dirección, un lugar reconocido, una función frente a los demás y así afirmarse.

Debe separarse de los padres como niño y reencontrase con ellos como adulto. Puede manifestar signos temporales de inadaptación en la esfera del comportamiento y el pensamiento si opta por una reorganización radical del mundo, es decir, de sí mismo. Y no obstante, a su alrededor la gente sabe que todo va bien… Los mecanismos de estabilización son múltiples y dependen tanto de como el joven consigue orientar su energía como de la respuesta que dan los padres ante este momento del madurar.  Odian a sus padres tanto como los aman y necesitan. Esta es la fuerza del drama.

La labor de los padres será facilitar y estimular el desarrollo de todos estos procesos cognitivos, haciendo que entren en juego, de forma que llegue a través de sus recursos a la madurez afectiva y a elegir sus posturas intelectuales, políticas, religiosas, éticas, y morales.

El adulto, tiene que ser necesariamente molesto para el adolescente, en cuanto exige reflexión y cuestionamiento de las respuestas dadas a los problemas; exige un “darse cuenta” y explorar más opciones de las presentes en su conducta; exige responsabilidad porque cree en su capacidad de respuesta espontánea y creativa. Y todo esto es incómodo y trabajoso, presupone que quién educa resolvió su propia adolescencia y la superó, de modo que no necesita ser su “colega”, no necesita su aceptación ni su apoyo afectivo, sino que asume responsabilidad de conducirlo hacia su destino.

La terapia con adolescentes requiere la consideración de todos estos procesos y conflictos particulares en esta fase de crecimiento y una posición particular en el rol de terapeuta que pueda crear el vínculo donde trabajar y apoyar el despertar de los recursos recién estrenados en el abordaje de las dificultades que pueden complicar la crisis e impedir que concluya normalmente. Por otro lado la familia como estructura de sostén presenta un momento de delicado equilibrio y necesidad de apoyo, a veces de orientación o incluso de información acerca de lo que sucede. Puede sentirse desbordada, identificada y en cualquier caso movilizada ante crisis de adolescencia con múltiples e intensos síntomas y desajustes.

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Referencias bibliográficas: “Manual de Psiquiatría Infantil” J. de Ajuriaguerra. Ed. Masson. 4ª edición

 

DIME

Psicología Clínica y Terapia Infantil

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